lunes, 11 de septiembre de 2017

Love is only a feeling

Es 11 de septiembre, son las cuatro y media de la mañana y no puedo dormir. Ojalá tuviera bien la barriga y pudiera fumar. En realidad no creo que el insomnio sea algo contra lo que luchar. Simplemente, mientras se sufre, hay que hacer cosas, buscarse ocupaciones, pero quedarse tumbado en la cama esperando al sueño es lo peor que se puede hacer. Esperando, siempre esperando. Esperando a que ocurran las cosas.
Tengo la cabeza llena y la verdad es que lo último que me apetece hacer es pensar en algo…
Creo que por fin he encontrado mi lugar de paz. Eso de lo que todo el mundo habla, el sitio donde todo el mundo dice refugiarse cuando necesita tranquilidad mental: una playa, una montaña, un río, un paisaje bonito. De repente he cerrado los ojos y me he imaginado el cielo nocturno. No he tenido más que subir un poco y estaba en mitad del espacio, en mitad del vacío. Pero no estaba cerca de la tierra. Había muchas lunas a mi alrededor, me atraía la gravedad de un planeta no identificado. Podía apartar los pensamientos con las manos, podía bucear a través de ellos, podía evitar cualquier asociación que mi cerebro hiciera instintivamente con el lugar, para llegar al vacío. Era lo que era. El espacio. El Universo. Donde no importas una mierda, donde no significas nada. Donde tampoco la Tierra importa, ni el Sistema Solar, ni siquiera la Vía Láctea. Hay tantas galaxias.

He sentido ganas de pisar el pasado. No de olvidarlo, porque realmente no se puede olvidar, igual que no se puede escapar de él. Pero sí se puede seguir adelante y no pensar en lo que te hace daño. En el rechazo de alguien que te importa. En las malas palabras. Y allí arriba, flotando sin gravedad, era consciente de todo, y lo recordaba todo: que Miguel estaba pillado por Moli, que yo no era la que le gustaba, que se había enganchado a ella y no a mí, las largas que me había dado esta noche. Pero abría las cortinas más profundas de mi mente para llegar a la paz. Para llegar a la relatividad, al principio de todo, y de lo que más ganas tenía era de ser capaz de pensar en otra cosa, de centrar mi vida en otra persona, lejos de sus dramas de mierda, su vida deprimente de mierda, lejos de sus porros y su trap, lejos de su inmadurez, lejos de mi ira. Sólo es un niño más que no me quiere. Y así he vuelto a la soledad en mi Spotify. Quiero ser un alma zen. La intensidad ya la tengo dentro. Estoy harta de juntarme con niñatos cuando parece que soy más madura, y quedarme enganchada a ellos. Deseo asumir mi tristeza y mi rabia, deseo asumir el rechazo, deseo asumir las circunstancias, los hechos, deseo seguir adelante. Nunca lo he deseado tanto como ahora y nunca he sido tan fuerte como lo soy ahora.

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